Ya no hay princesas,
Que caminen en barro y sombra
La tierra fría e infértil me cierne
Me estremece con llamadas
Soy un extraño siempre
Sin ofrendas de huesos o coronas
Quisiera dos manos
Agrietadas y calientes
Que se tejan alrededor de mi
O me aniden durante el día.
Si volviera la princesa
Ella sabría hacerme
Mil mantas para tapar
Mis ojos de calles antiguas.
O tal vez mi frío quemaría
En forma de llamas perdidas.